El origen se remonta a una leyenda medieval: un caballero, Sant Jordi, derrota a un dragón para salvar a una princesa, y de la sangre del dragón brota una rosa roja. Con el tiempo, esta historia evolucionó hasta convertirse en una celebración que une amor y cultura, coincidiendo además con el Día Internacional del Libro.
Hoy, Sant Jordi en Barcelona se vive como una gran librería al aire libre. Calles como Passeig de Gràcia, Rambla de Catalunya o Las Ramblas se llenan de puestos de libros, firmas de autores y personas que pasean sin prisa, eligiendo un libro y una rosa para regalar.
Uno de los momentos más icónicos se encuentra en Casa Batlló, que cada año se cubre de rosas en su fachada, reinterpretando la leyenda a través de la arquitectura y convirtiéndose en uno de los puntos más fotografiados de la ciudad durante Sant Jordi.
Sant Jordi no es solo un evento que ver, sino una forma de recorrer Barcelona de otra manera. Más lenta, más consciente, más conectada con pequeños gestos.
Desde Miramar, después de la intensidad de las calles, la ciudad se percibe distinta. Más abierta, más silenciosa, casi como una pausa necesaria dentro de un día que ocurre en movimiento constante.